El inventario de misiles se consume más rápido de lo que se repone. Desde la invasión rusa de Ucrania en 2022 hasta el ataque estadounidense contra Irán, el Pentágono ha gastado más de 50.000 cohetes, misiles y proyectiles propulsados por motores de combustible sólido, según datos del propio Departamento de Defensa. Washington ha reservado 53.000 millones de dólares y ha simplificado sus reglas de adquisición para elevar la producción. El problema es que la industria tradicional no da abasto.
Los CEOs de Lockheed, Boeing y RTX —matriz de Raytheon— han advertido públicamente que la escasez de motores de cohete sólido frena la fabricación de misiles. Ante ese cuello de botella, un grupo de startups al estilo Silicon Valley ha encontrado una salida inesperada: mirar hacia afuera del sector aeroespacial.
Piezas de coche para guiar hipersónicos
Castelion, con sede en California y valorada en casi 3.000 millones de dólares, fabrica motores de cohete sólido y armas hipersónicas. Para guiar sus misiles recurre a procesadores de la industria automotriz —los llamados Field-Programmable Gate Arrays— utilizados en sistemas de asistencia avanzada a la conducción y vehículos eléctricos. Según el director de operaciones Sean Pitt, estos componentes cuestan una décima parte de su equivalente aeroespacial y se obtienen seis veces más rápido. La compañía ya ha ganado contratos del Pentágono para fabricar más de 500 armas hipersónicas.
El sector petrolero aporta otra pieza del rompecabezas. En lugar de adquirir tubos metálicos de alta presión a proveedores aeroespaciales con largos plazos de entrega, Castelion utiliza tubos mecanizados de precisión diseñados para el fracking —el proceso de fractura hidráulica de roca—, capaces de soportar niveles de calor y presión comparables a los de un motor de cohete, pero disponibles en más proveedores y a menor precio.
Mezcla farmacéutica para propelente
Anduril, valorada en 61.000 millones de dólares y con varios miles de millones en contratos acumulados, ha adoptado una técnica de la industria farmacéutica para mezclar los químicos del propelente. La compañía adquirió las mezcladoras sin paletas de FlackTek, con sede en Colorado, capaces de procesar lotes de propelente de cientos de kilogramos en minutos en lugar de horas. Según Anduril, el equipo ofrece más de diez veces el rendimiento de sus sistemas anteriores y más de 24 veces el de las mezcladoras industriales convencionales. La misma tecnología centrífuga sin paletas se emplea para producir compuestos de precisión, incluidos tratamientos oncológicos basados en liposomas.
La promesa de la impresión 3D
X-Bow Systems, empresa de Nuevo México especializada en motores de cohete de bajo costo mediante impresión 3D de propelentes y motores, afirma que puede reducir la creación de una nueva línea de producción de entre tres y seis años a aproximadamente doce meses. La compañía ya cuenta con un contrato del Pentágono por 191 millones de dólares para cientos de motores. Un estudio de caso de 2024 de Northrop Grumman estimó que reemplazar el utillaje metálico convencional con herramientas poliméricas impresas en 3D reduce el tiempo para crear una línea de producción de aproximadamente un año a unas seis semanas.
Los incentivos son claros; la escala, no tanto
Conviene mirar los incentivos. El Pentágono opera con un presupuesto anual superior al billón de dólares y su sello de aprobación abre puertas en otros gobiernos aliados. Para las startups, el premio es enorme. Pero Tom Karako, director del Missile Defense Project en el Center for Strategic and International Studies, advierte que el proceso de fabricación de motores de combustible sólido sigue siendo «meticuloso y multietapa: moldeo, curado, horneado, radiografía y lijado, seguidos de una inspección rigurosa». Los hornos de curado y los equipos de rayos X permanecen como cuellos de botella estructurales.
Ninguna de las nuevas empresas ha escalado su producción al nivel necesario para sustituir a los contratistas tradicionales. El dato importa más que el ruido: la innovación en la cadena de suministro es real, pero la prueba definitiva es la entrega en volumen. La historia sugiere cautela ante cualquier ciclo en que la urgencia estratégica impulsa capital hacia sectores con barreras técnicas que el dinero solo resuelve parcialmente.


