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Ceuta y Melilla: Madrid cierra la puerta a cualquier negociación de soberanía tras las reivindicaciones de Rabat

La ministra Robles y el Ministerio de Exteriores respondieron con firmeza al ministro de Justicia marroquí, Ouahbi, que aseguró plantear la cuestión «en cada reunión» con España. La integridad territorial, dijeron, «ni se ha tratado ni se tratará nunca con nadie».
Foto: infobae.com
Europasábado 15 de agosto de 2026

El ministro de Justicia de Marruecos, Abdellatif Ouahbi, encendió esta semana una disputa diplomática al afirmar en televisión que Rabat plantea «en cada reunión» con España la cuestión de la soberanía de Ceuta y Melilla, ciudades que considera propias. La respuesta española llegó en pocas horas y fue prácticamente unánime.

La ministra de Defensa, Margarita Robles, visitó Ceuta y pronunció el mensaje más directo: «Ceuta y Melilla no son españolas, son españolísimas. A Ceuta y a Melilla no se las toca». Robles garantizó además que el Ejército continuará desplegado en la ciudad como elemento de «disuasión» y subrayó que lo ocurrido el pasado 30 de julio «no puede volver a ocurrir». «Cualquier agresión a Ceuta o a Melilla es una agresión a España entera», advirtió.

El Ministerio de Asuntos Exteriores, dirigido por José Manuel Albares, fue igualmente categórico. Fuentes del departamento dejaron claro que «la españolidad de Ceuta y Melilla está fuera de toda duda» y recordaron que ambas ciudades «forman parte de la integridad territorial de España reconocida internacionalmente». La frase de cierre no dejó margen: «La integridad territorial de España ni se ha tratado ni se tratará nunca con nadie».

El presidente de la ciudad autónoma, Juan Jesús Vivas, quien se reunió con Robles durante la visita, rechazó las declaraciones de Ouahbi sin rodeos. Para Vivas, las reivindicaciones marroquíes «no tienen ningún fundamento» y la pertenencia de Ceuta a España se sustenta en «la historia», «el derecho» y, sobre todo, en la voluntad de sus habitantes. «Lo quieren los ceutíes. Todos los ceutíes. Recen como recen y se llamen como se llamen», afirmó.

Vivas reconoció que el discurso de Rabat sobre Ceuta y Melilla como territorios «ocupados» no es nuevo, sino una posición que Marruecos mantiene desde hace años. La diferencia, a su juicio, es el contexto: la crisis del 30 de julio ha generado adhesiones «de todos los partidos políticos» y de toda la sociedad española, lo que, paradójicamente, refuerza la posición de la ciudad. «Constatan lo que siempre ha dicho Marruecos, pero a nosotros y al resto de los españoles nos fortalece», señaló.

El presidente ceutí reclamó además que la entrada masiva del 30 de julio no se analice solo desde la perspectiva migratoria, sino también como una cuestión de integridad territorial. Fue prudente, sin embargo, al atribuir responsabilidades concretas a las autoridades marroquíes: reconoció no disponer de información suficiente, aunque consideró «imposible» que Marruecos no supiera lo que se estaba organizando. Su principal petición apunta a reducir la dependencia respecto a Rabat en los ámbitos que considera vitales: «Nada de lo que sea vital para Ceuta dependa de Marruecos».

Conviene mirar los incentivos. Las declaraciones de Ouahbi no son un accidente diplomático: son una señal de que Marruecos calibra hasta dónde puede presionar sin coste. La respuesta española, firme en el tono, tendrá que traducirse en hechos concretos —presencia militar sostenida, diversificación de dependencias, revisión de la relación bilateral— para que la disuasión sea creíble más allá del ciclo de noticias. El dato importa más que el ruido: una frontera cuya estabilidad depende de la buena voluntad del vecino no es, en sentido estricto, una frontera soberana. Esa es la vulnerabilidad estructural que el episodio del 30 de julio ha puesto sobre la mesa, y que ningún comunicado, por contundente que sea, resuelve por sí solo.

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