El ministro de Justicia, Iván Cancino, posesionó a Germán Calderón España como nuevo director de la Agencia Nacional de Defensa Jurídica del Estado (ANDJE). El acto se realizó en las instalaciones del Ministerio de Justicia, en el centro de Bogotá, donde Cancino leyó el acta de juramento y firmó el documento que le otorgó a Calderón España la facultad legal para ejercer sus funciones.
El nuevo director es oriundo de Garzón, Huila, egresado de la Universidad Católica de Colombia y especialista en derecho público de la Universidad Sergio Arboleda. La fuente le atribuye una trayectoria de 20 años en el litigio y en el sector público, además de haber sido el jefe jurídico de la campaña presidencial del movimiento Defensores de la Patria.
Calderón España ganó visibilidad reciente como uno de los principales artífices del denominado «libro de la verdad», un documento de 135 páginas que el presidente De La Espriella entregó a la Fiscalía, la Contraloría y la Procuraduría. Según la fuente, ese texto plasma posibles irregularidades en el manejo de entidades como el Dapre, Essmar, Cenit, Fenoge, Electrohuila, la Agencia Nacional de Tierras, la UNP, Fontur, Codaltec, la SAE, Canal Trece, el ICBF, FonIgualdad, la Cancillería y la Agencia de Desarrollo Rural, todas correspondientes a la era Petro.
Calderón España reemplaza al exmagistrado del Consejo de Estado César Palomino al frente de la ANDJE, entidad cuya misión es diseñar estrategias para proteger el patrimonio del país, defender los intereses del Estado en tribunales nacionales e internacionales y liderar el sistema de defensa jurídica pública.
El nombramiento consolida un patrón reconocible en los primeros movimientos del gobierno De La Espriella: cuadros con participación directa en la campaña ocupan posiciones técnicas de alto impacto institucional. La ANDJE no es una cartera de visibilidad mediática, pero su peso es considerable: de su gestión depende en buena medida cuánto dinero de los contribuyentes termina pagando el Estado en condenas arbitrales y litigios de largo aliento.
Conviene mirar los incentivos. Poner al frente de esa agencia a quien conoce de primera mano los expedientes del «libro de la verdad» tiene una lógica de continuidad: el mismo abogado que documentó las presuntas irregularidades del período anterior ahora dirige la entidad que deberá defender —o en su caso, reclamar— los intereses del Estado en los procesos que de esos expedientes se deriven. Si la gestión es rigurosa, el patrimonio público sale fortalecido; si la lealtad política pesa más que el criterio técnico, el riesgo de condenas costosas recae, como siempre, sobre el erario. El dato importa más que el ruido.



