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Asesinato de funcionario de la Fiscalía en Salinas agrava la presión sobre el Estado ecuatoriano

Un servidor de la Fiscalía Provincial de Santa Elena fue abatido a tiros dentro de su vehículo cuando se dirigía al trabajo. El crimen organizado sigue golpeando a las instituciones del país.
Foto: infobae.com
Las Américaslunes 17 de agosto de 2026

Un funcionario de la Fiscalía Provincial de Santa Elena perdió la vida tras recibir disparos mientras se encontraba en el interior de su vehículo, en la ciudad costera de Salinas, según confirmó la institución en un comunicado difundido este lunes. La víctima fue identificada como José Luis M. P.

La Fiscalía condenó el ataque y anunció el inicio de investigaciones en coordinación con la Policía Nacional y sus unidades especializadas. El objetivo declarado es desplegar «las acciones investigativas y legales necesarias para identificar a los responsables» y evitar que «el crimen quede en la impunidad». El Ministerio Público expresó además su solidaridad con los familiares y allegados de la víctima, y aseguró que adoptará medidas para fortalecer la protección y seguridad de sus funcionarios.

Santa Elena forma parte de un conjunto de provincias —junto con Manabí, Guayas y Los Ríos— que concentran buena parte de la actividad del crimen organizado en Ecuador. El país atraviesa desde 2024 un «conflicto armado interno» declarado por el presidente Noboa contra las bandas criminales, a las que se atribuye la escalada de violencia que ha situado a Ecuador entre los países más violentos de Latinoamérica.

El dato importa más que el ruido: no se trata de un ciudadano anónimo, sino de un servidor del aparato de justicia. Cuando el crimen organizado apunta directamente a quienes investigan y procesan delitos, el mensaje no es solo intimidatorio; es una declaración de guerra contra la institucionalidad misma. La impunidad que se busca no es la de un caso aislado, sino la de un sistema entero.

Conviene mirar los incentivos. Si los funcionarios del Ministerio Público perciben que el Estado no puede garantizar su seguridad, la presión sobre la cadena de justicia —fiscales, testigos, peritos— se vuelve insostenible. El «conflicto armado interno» declarado por Noboa fijó un marco legal y político ambicioso; el asesinato de este lunes en Salinas recuerda que la distancia entre el decreto y la realidad sobre el terreno sigue siendo considerable. La historia sugiere cautela: sin protección efectiva para quienes operan el sistema judicial, ninguna estrategia de seguridad puede sostenerse en el largo plazo.

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