El 2 de julio, un cohete Atlas V de United Launch Alliance depositó 29 satélites adicionales de Amazon Leo en órbita desde la Estación de la Fuerza Espacial de Cabo Cañaveral. La maniobra eleva la constelación a más de 390 unidades operativas, umbral que Amazon considera suficiente para ofrecer «servicio continuo en latitudes iniciales», según declaró Chris Weber, vicepresidente de negocio y producto de Leo, en una publicación en X.
Conviene mirar los incentivos. Amazon no compite aún en el mismo plano que SpaceX: Starlink opera alrededor de 10.000 satélites y supera los diez millones de suscriptores. Leo, en cambio, lleva activo en modalidad de «vista previa empresarial» solo desde noviembre pasado, restringido a clientes corporativos seleccionados. El servicio para consumidores y clientes gubernamentales todavía no tiene fecha concreta.
El dato importa más que el ruido. La cobertura inicial será geográficamente limitada; misiones futuras ampliarán alcance y capacidad. El siguiente lanzamiento utilizará el cohete Vulcan de ULA, vehículo de carga pesada capaz de transportar más de 40 satélites por misión y con mayor cadencia de vuelo que el Atlas V, cuya última misión para el proyecto fue precisamente la del 2 de julio, tras haber colocado en órbita 224 satélites de Leo en total.
La arquitectura logística de Amazon enfrenta fricciones estructurales. En enero, la compañía solicitó una prórroga ante las autoridades regulatorias, citando «escasez en la disponibilidad a corto plazo» de cohetes. En 2022 firmó acuerdos de lanzamiento con ULA, Arianespace y Blue Origin —fundada también por Jeff Bezos—, y posteriormente adquirió capacidad adicional con SpaceX. Varios de esos proveedores han acumulado retrasos.
El episodio más disruptivo ocurrió en mayo, cuando el cohete New Glenn de Blue Origin explotó en la plataforma durante una prueba de fuego estático, días antes de su misión programada con satélites de Leo. Blue Origin trabaja en la reconstrucción de la plataforma y en determinar la causa de la anomalía. Bezos y el CEO de Blue Origin, Dave Limp, han declarado que el objetivo es retomar vuelos con New Glenn antes de que concluya el año. New Glenn es un cohete parcialmente reutilizable con capacidad para transportar hasta 45 toneladas métricas a órbita baja y puede llevar más de 48 satélites de Leo por misión.
Melissa Wuerl, directora de sistemas de lanzamiento de Leo, resumió la posición de la empresa: «Con cientos de satélites listos para vuelo en el Cabo y una nueva instalación de integración vertical dedicada, tenemos un camino claro para aumentar la cadencia de lanzamientos y expandir rápidamente la cobertura de red tras el lanzamiento del servicio inicial».
Amazon aspira a construir una constelación de aproximadamente 7.700 satélites. La historia sugiere cautela: SpaceX comenzó a desplegar Starlink en 2015, cuatro años antes de que Amazon anunciara siquiera el proyecto —entonces llamado Kuiper—, y esa ventaja acumulada en infraestructura, contratos y base de usuarios no se neutraliza con un solo hito orbital.
El equilibrio entre velocidad de despliegue y viabilidad financiera definirá si Leo logra posicionarse como alternativa real en el mercado de banda ancha satelital de órbita baja, o si queda relegado a un nicho corporativo mientras Starlink consolida su hegemonía global.



