El Departamento de Veteranos de Estados Unidos (VA) opera actualmente 367 casos documentados de uso de inteligencia artificial, según su propio inventario de IA 2025. De ese total, 215 están clasificados como sistemas de alto impacto. Abarcan desde citas médicas y reclamaciones de discapacidad hasta servicio al cliente y gestión de registros. El dato importa más que el ruido: la escala del despliegue supera con creces lo que la mayoría de los veteranos imagina.
La transparencia, sin embargo, no acompaña al volumen. Veteranos entrevistados por Military Times describieron experiencias radicalmente distintas. El veterano de la Marina Markus Williams relató que durante una cita reciente una enfermera le preguntó si aceptaba el uso de IA para la toma de notas; cuando dijo que no, la reacción del personal no fue de indiferencia sino de incomodidad. El veterano del Ejército Tim King afirmó que nunca le han formulado esa pregunta, pese a haber recibido un correo institucional sobre el tema.
El VA defiende sus protocolos. La secretaria de prensa Quinn Slaven explicó a Military Times que al inicio de cada visita el proveedor pregunta al veterano si desea utilizar el sistema «Ambient AI Scribe» y le explica su funcionamiento, con posibilidad de rechazarlo o desactivarlo en cualquier momento. Slaven también subrayó que «automatización» e «IA» no son términos intercambiables: la automatización ejecuta instrucciones fijas, mientras la IA evalúa patrones a partir de datos.
La distinción es técnicamente válida, pero no resuelve el problema de fondo. Jon Retzer, director legislativo nacional de los Disabled American Veterans, reconoció que el inventario público es un paso hacia la transparencia, aunque advirtió que opera a un nivel muy general y ofrece información limitada sobre cómo se monitorean los sistemas tras su despliegue, cómo se evalúa su desempeño y qué mecanismos de rendición de cuentas se activan cuando surgen problemas. «Los veteranos se beneficiarían de información más detallada, consistente y públicamente accesible sobre cómo funcionan estos sistemas en la práctica, no solo sobre su uso previsto», señaló.
La advertencia más grave proviene del propio aparato de supervisión federal. En enero, la Oficina del Inspector General del VA emitió un aviso preliminar identificando un riesgo potencial para la seguridad de los pacientes relacionado con el uso de herramientas de IA generativa en entornos clínicos. El organismo encontró que la Administración de Salud de Veteranos carecía de un mecanismo formal para identificar, rastrear o resolver riesgos asociados a esa tecnología, y advirtió que la ausencia de un proceso estandarizado podría limitar la capacidad del departamento para proteger a los pacientes.
El informe señaló además que los resultados generados por herramientas de IA aprobadas pueden copiarse directamente en los historiales electrónicos de salud de los veteranos y que dichos sistemas pueden producir resultados inexactos, incluyendo omisiones, con potencial impacto en diagnósticos y decisiones de tratamiento. La revisión del inspector general sigue abierta y no identificó casos concretos de daño a pacientes.
Conviene mirar los incentivos. La documentación clínica no es un trámite administrativo menor: afecta tratamientos futuros, reclamaciones de discapacidad y la continuidad del cuidado durante años. Un dato omitido o una entrada inexacta puede derivar en citas adicionales, papeleo prolongado o esfuerzos costosos para corregir el expediente.
No todos los veteranos comparten el mismo escepticismo. Helen Cooper, veterana del Cuerpo de Marines y enfermera retirada de un centro médico del VA en Tennessee, dijo que aceptaría con agrado la documentación asistida por IA si el resultado son registros más precisos, en contraste con lo que describió como médicos y enfermeras sobrecargados que ignoran lo que los pacientes les dicen.
La historia sugiere cautela. La escala del despliegue, la inconsistencia en la notificación y la ausencia de protocolos estandarizados de gestión de riesgos configuran un escenario en el que la tecnología avanza más rápido que la gobernanza. Para una institución que atiende a millones de veteranos, esa brecha no es un detalle técnico: es una variable de confianza institucional.


