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Ucrania golpea por segunda vez almacenes de Ozon y extiende su campaña logística al corazón de Rusia

En menos de una semana, drones ucranianos inutilizaron instalaciones del gigante ruso de comercio electrónico en Samara y Oremburgo; Kyiv apunta también a refinerías y depósitos de combustible a más de mil kilómetros del frente.
Foto: infobae.com
Internacionaldomingo 23 de agosto de 2026

Un almacén del gigante ruso de comercio electrónico Ozon en la región de Oremburgo suspendió operaciones este domingo tras la caída de drones en sus instalaciones. Era el segundo ataque de este tipo contra la empresa en menos de una semana: el sábado, un complejo de Ozon en la región de Samara había corrido la misma suerte.

Ozon confirmó en un comunicado que «las rutas logísticas hacia y desde el almacén dañado se han cancelado y se redistribuirán entre otras instalaciones», aunque aseguró que «la red logística continúa operando con normalidad». Las autoridades locales atribuyeron los daños a fragmentos de drones derribados que cayeron sobre el predio y provocaron un incendio sofocado sin víctimas.

El Ministerio de Defensa de Ucrania fue explícito sobre la lógica de la campaña. «Después de que unidades ucranianas atacaran 15 de los mayores centros logísticos de Wildberries, ahora le toca el turno a Ozon», señaló en un comunicado, subrayando que los ataques sistemáticos contra almacenes de bienes de doble uso «complican» la logística rusa y «afectan negativamente» a su economía. Las autoridades rusas prometieron esta semana ayudar a Wildberries a restaurar instalaciones destruidas, ante pérdidas que, según trascendió, ascienden a miles de millones de rublos.

La ofensiva de largo alcance no se limitó a la cadena de distribución comercial. El presidente Zelensky informó el sábado de un ataque contra la refinería de Novokuibishevsk, ubicada a 1.000 kilómetros del frente, que según dijo privará a la maquinaria bélica rusa de «millones de dólares» en exportaciones petroleras. También confirmó la destrucción de un bombardero ruso Su-24M en el aeropuerto militar de Saki, en la Crimea ocupada, y la eliminación de repetidores de señal en la región de Briansk utilizados para guiar drones rusos contra ciudades ucranianas.

Ese mismo día, unidades ucranianas atacaron depósitos de combustible de un complejo petrolero en el puerto de Yeisk, en la región de Krasnodar, con capacidad para movilizar unas 6,8 millones de toneladas de carga al año y que, según el Estado Mayor ucraniano, participa en el abastecimiento del ejército ruso. El impacto del ataque aún se estaba evaluando al cierre de esta edición.

Desde Moscú, Putin advirtió que Kiev «había abierto una caja de Pandora» con sus ataques a la retaguardia y prometió una respuesta, en momentos en que la guerra —que en pocos días cumplirá su tercer año de intensificación desde la última escalada— extiende sus golpes cada vez más lejos de la línea de frente.

Conviene mirar los incentivos. La estrategia ucraniana de golpear infraestructura logística y energética en territorio ruso persigue un objetivo preciso: encarecer el sostenimiento del esfuerzo bélico de Moscú y trasladar el costo de la guerra a la economía civil rusa. Que Ozon y Wildberries —empresas de consumo masivo, no instalaciones militares declaradas— figuren en la lista de objetivos ilustra hasta qué punto Kyiv considera que la retaguardia económica es parte del frente. El dato importa más que el ruido: cada almacén inutilizado es una presión adicional sobre una cadena de suministros que ya absorbe las tensiones de una economía de guerra. La pregunta relevante no es si Putin responderá —lo hará— sino si la acumulación de daños en la retaguardia altera los cálculos de negociación antes de que el conflicto cumpla su cuarto año.

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