La noche del martes al miércoles, las fuerzas ucranianas ejecutaron lo que el presidente Zelensky describió como una operación «única» contra la base naval de Novorossiysk, a más de 300 kilómetros del frente. El ataque combinó drones aéreos de propulsión a reacción Palianytsia, misiles Neptune y drones marinos, según el propio Zelensky en redes sociales.
El gobernador de la región de Krasnodar, Kondratyev, confirmó que cientos de drones ucranianos atacaron Novorossiysk, Anapa, Gelendzhik y el distrito de Temryuk durante la noche. Las defensas aéreas rusas derribaron más de 500 drones, según el Ministerio de Defensa de Moscú. En tierra, un niño de ocho años murió en Novorossiysk; una persona herida en Temryuk falleció posteriormente en el hospital, y otras 12 resultaron heridas en la región. Escombros de drones derribados cayeron sobre cuatro plantas industriales y 21 edificios residenciales, de acuerdo con Kondratyev.
El ataque alcanzó defensas aéreas, muelles e infraestructura portuaria, según Zelensky. Novorossiysk alberga también el complejo de transbordo petrolero de Grushovaya, uno de los mayores centros de distribución de crudo y productos derivados del sur de Rusia. Por ese nodo transita el oleoducto del Consorcio del Caspio, que conecta los campos kazajos del Caspio con el Mar Negro y por el que exportan Chevron y ExxonMobil. En febrero del año pasado, el Departamento de Estado estadounidense expresó su malestar por los ataques ucranianos a Novorossiysk, precisamente por el impacto sobre esos intereses energéticos en Kazajistán.
En Crimea, las defensas rusas derribaron 115 drones ucranianos sobre Sebastopol; el funcionario designado por Moscú, Razvozhayev, reportó daños en 10 edificios de apartamentos y 25 casas particulares. En paralelo, Rusia lanzó 138 drones de largo alcance y un número no especificado de misiles contra Ucrania durante la misma noche, con daños registrados en 16 puntos del país. En la región de Jersón, un ataque ruso mató a dos personas e hirió a otras dos; en Zaporiyia, las autoridades reportaron la destrucción de un centro comercial.
Zelensky advirtió además, citando informes de inteligencia ucraniana, que Putin planea «una movilización rápida adicional de varios cientos de miles de rusos para finales de año».
Conviene mirar los incentivos. La flota rusa del Mar Negro ha perdido libertad de maniobra de forma sostenida desde que Ucrania desplegó su flota no tripulada; Novorossiysk era el último refugio operativo relevante tras la presión sobre Sebastopol. Que Kyiv haya podido proyectar fuerza a más de 300 kilómetros del frente con una combinación de misiles y drones de fabricación propia ilustra hasta qué punto la industria de defensa ucraniana ha madurado durante más de cuatro años de guerra.
El dato importa más que el ruido: la tensión entre los objetivos militares ucranianos y los intereses energéticos de empresas estadounidenses en Kazajistán no es nueva, pero se vuelve más aguda cada vez que el conflicto alcanza infraestructura de exportación. Esa fricción complica cualquier narrativa simple sobre alineación de intereses entre Washington y Kyiv, y añade una variable que los negociadores —si es que los hay— no pueden ignorar.


