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Trump cuestiona los ejercicios militares con Corea del Sur en nombre de su relación con Kim Jong Un

Un mensaje en Truth Social del presidente reabre la tensión con un aliado de tratado desde 1953, justo cuando Pionyang acumula experiencia bélica en Ucrania.
Imagen generada con IA
Estados Unidosmiércoles 19 de agosto de 2026

El presidente Trump publicó un mensaje en Truth Social en el que declaró no estar «feliz» con la participación estadounidense en los ejercicios militares conjuntos con Corea del Sur, invocando su relación con el líder norcoreano Kim Jong Un. «Basado en mi muy buena relación con Kim Jong Un», escribió Trump, los ejercicios «envían una señal totalmente inapropiada y hostil» hacia un país que, según él, ha sido «sin amenazas y respetuoso» durante su presidencia.

El presidente añadió que Seúl había declinado recientemente participar en la guerra contra Irán, lo que, según explicó posteriormente a periodistas en la Casa Blanca, le causó malestar. Los ejercicios conjuntos constituyen un pilar de la alianza militar entre ambos países desde hace décadas y están diseñados para garantizar la preparación ante un eventual ataque norcoreano.

El contexto estratégico agrava el momento. Corea del Norte ha ganado experiencia en combate de alta intensidad al apoyar a las fuerzas rusas en Ucrania, lo que añade relevancia práctica a esos ejercicios. Corea del Sur, aliada de tratado desde 1953, se ha comprometido a elevar su gasto en defensa al 3,5% de su PIB. El secretario de Defensa Hegseth visitó el país el año pasado y afirmó que la alianza estaba «más fuerte que nunca, 72 años de fortaleza», y describió a Corea del Sur como un «aliado modelo» junto a Israel y Polonia que recibiría «favor especial» de Washington.

Sin embargo, esas garantías de funcionarios de la administración quedan siempre sujetas a los cambios de humor del presidente. La señal que envía el episodio trasciende el efecto práctico inmediato: refuerza la percepción de que Washington puede desencantarse con aliados de larga data cuya amistad debería considerarse un activo estratégico.

El patrón no es nuevo. Trump ha cuestionado la utilidad de la OTAN, impuesto aranceles a aliados y adversarios por igual, y especulado con la anexión de Canadá o el control de Groenlandia. Corea del Sur, por su parte, ha prestado apoyo a operaciones militares recientes de Estados Unidos, aunque en roles no combatientes, lo que hace comprensible su reticencia a involucrarse en un conflicto con Irán sin un objetivo claro.

En cuanto a Pionyang, Kim ha sido explícito en que Estados Unidos debe abandonar su «obsesión» con la desnuclearización. No hay evidencia en las fuentes de que las concesiones diplomáticas de Trump hayan modificado el comportamiento norcoreano.

La lectura de Continente. Conviene mirar los incentivos. Un aliado que gasta el 3,5% de su PIB en defensa, que ocupa una posición estratégica en el noreste asiático y que ha respaldado operaciones estadounidenses es exactamente el tipo de socio que el libre mercado de seguridad colectiva necesita preservar. Cuestionar públicamente los ejercicios conjuntos en nombre de una relación personal con un régimen que desarrolla arsenales nucleares y de misiles no es diplomacia de resultados: es un subsidio gratuito a la narrativa de Pionyang de que dichos ejercicios son provocaciones.

El dato importa más que el ruido. La fortaleza de Corea del Sur es el mejor disuasivo frente a Corea del Norte; erosionar la credibilidad del compromiso estadounidense debilita ese disuasivo sin obtener nada verificable a cambio. La historia sugiere cautela ante la idea de que la cordialidad personal con líderes autoritarios produce concesiones estratégicas duraderas.

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