El streamer Hasan Piker desató una ola de condenas dentro del Partido Demócrata después de advertir, durante una transmisión en vivo, que los judíos estadounidenses podrían sufrir violencia si continúan siendo percibidos como partidarios incondicionales de Israel. «Si los judíos en América siguen transmitiendo la idea de que están singularmente invertidos en Israel, eventualmente alguien va a actuar, no contra el Estado de Israel, sino contra los judíos americanos», dijo Piker, según recoge la fuente.
El episodio incluyó la exhibición de una imagen del senador estatal de Míchigan Jeremy Moss, candidato demócrata al 11.º Distrito del Congreso y de fe judía. Moss había denunciado previamente la circulación de un audio falso que lo retrataba diciendo haber postulado al Congreso únicamente para garantizar el apoyo de Estados Unidos a Israel.
La reacción dentro del partido fue rápida y amplia. El líder de la minoría en la Cámara, Jeffries, calificó los comentarios de «peligrosos, maliciosos y antisemitas» y confirmó en CNN que sus palabras apuntaban directamente a Piker. El presidente del DNC, Ken Martin, también se sumó a las críticas, según la fuente. Gottheimer, uno de los críticos más persistentes del streamer, describió sus palabras como «sacadas directamente del manual nazi» y pidió a los líderes de la Cámara que lleven a votación una resolución bipartidista —presentada junto al republicano Lawler— que condena la retórica antisemita de Piker y de Candace Owens.
Slotkin rechazó la idea de que los judíos americanos sean responsables del antisemitismo dirigido contra ellos. Scholten fue más directa: llamó a Piker «un oportunista que prospera con el odio» y calificó sus palabras de «inaceptables». Stevens dejó claro que Piker es «exactamente lo opuesto» de alguien con quien haría campaña. Booker, cuyo equipo ya había declinado una aparición con el streamer, condenó directamente su retórica. Fetterman, por su parte, había desafiado al candidato senatorial El-Sayed a seguir haciendo campaña con Piker.
Notable fue el caso de Khanna, quien había aparecido en el programa de Piker y defendido esa decisión, pero esta vez rechazó el argumento del streamer y afirmó que el antisemitismo debe condenarse sin ambigüedades. Moskowitz, que acaba de derrotar a un rival primario respaldado por Piker, dejó en claro que no quiere ninguna asociación con él.
El veterano estratega demócrata Carville fue aún más lejos: dijo que abandonaría el partido si el ala de Piker tomara el control, aunque luego restó importancia a la amenaza socialista dentro del partido, calificando ese flanco de «un grupo de tontos».
Conviene mirar los incentivos. La proximidad de las elecciones de medio término explica en parte la velocidad del deslinde: los demócratas en distritos competitivos no pueden permitirse que Piker defina su imagen ante un electorado que ya desconfía del ala más radical del partido. El dato importa más que el ruido: no es la primera vez que figuras del partido advierten sobre el costo electoral de tolerar retórica incendiaria en nombre de la audiencia digital. La historia sugiere cautela ante quienes confunden alcance en redes con capital político real. El episodio ilustra una tensión estructural: el activismo de plataforma genera visibilidad, pero cuando cruza hacia el territorio del odio, se convierte en pasivo, no en activo, para quienes buscan mayorías en noviembre.



