Edición Globaljueves 27 de agosto de 2026 El mundo en breveLa edición semanal
Continente ORDEN Y PERSPECTIVA GLOBAL.
LíderesEstados UnidosLas AméricasEuropaAsia y ChinaOriente Medio y ÁfricaInternacionalNegociosFinanzas y economíaCiencia y tecnologíaCultura
Secciones y más
El mundo
LíderesEstados UnidosLas AméricasEuropaAsia y ChinaOriente Medio y ÁfricaInternacional
Negocios, ciencia y cultura
NegociosFinanzas y economíaCiencia y tecnologíaCultura
El medio
El mundo en breveLa edición semanal BoletinesAcerca
Estados Unidos

Ratcliffe en Moscú: diplomacia de inteligencia mientras la guerra en Ucrania sigue sin solución

Trump calificó el viaje del director de la CIA como una misión de «semi rutina»; el Kremlin confirmó conversaciones entre servicios secretos, sin reunión con Putin.
Foto: eluniversal.com.mx
Estados Unidosmiércoles 26 de agosto de 2026

El director de la CIA, John Ratcliffe, viajó a Moscú el martes en lo que el presidente Donald Trump describió como una visita de «semi rutina». La declaración llegó en una entrevista con el presentador de radio Glenn Beck, donde Trump añadió: «Nos gustaría ver el fin de la guerra de Ucrania».

El mandatario republicano precisó que el desplazamiento no guardaba relación con Irán ni con posibles amenazas rusas contra la OTAN. «No estaba allí por ninguna de esas cosas que usted menciona», respondió cuando fue interrogado sobre ambos temas.

Desde Moscú, el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, confirmó que Ratcliffe sostuvo discusiones «entre servicios secretos», aunque aclaró que el director de la CIA no se reunió con el presidente Vladimir Putin. La naturaleza precisa de los temas abordados no fue revelada por ninguna de las dos partes.

El contexto importa. Hasta ahora, los intentos de la administración Trump por poner fin al conflicto en Ucrania —incluida la organización, hace algo más de un año, de una cumbre en Alaska con Putin— han resultado vanos, según consigna la fuente. El contacto directo entre las agencias de inteligencia representa, por tanto, un canal paralelo a las negociaciones diplomáticas formales, cuyo rendimiento ha sido, hasta la fecha, escaso.

La elección del canal de inteligencia en lugar del diplomático convencional refleja la lógica de una administración que prefiere la discreción operativa a la visibilidad institucional. Ratcliffe, figura de confianza de Trump, ofrece interlocución directa sin los protocolos —y las filtraciones— que acompañan a los encuentros entre cancilleres o enviados especiales.

El dato importa más que el ruido. Que Washington y Moscú mantengan abierto un canal de comunicación, aunque sea a nivel de inteligencia, es en sí mismo una señal de que ninguna de las dos capitales ha cerrado la puerta a un eventual entendimiento. La pregunta es si ese canal produce resultados concretos o si, como la cumbre de Alaska, queda como un gesto sin consecuencias verificables.

Conviene mirar los incentivos. Para Rusia, recibir al director de la CIA sin conceder una audiencia con Putin permite gestionar la imagen interna: se negocia, pero desde una posición de fuerza declarada. Para Washington, el viaje alimenta la narrativa de que Trump avanza hacia la paz sin ceder terreno ante sus críticos domésticos, que lo acusan tanto de excesiva dureza como de excesiva blandura frente a Moscú.

Lo que esta casa editorial observa es que la arquitectura de la política exterior de Trump —canales informales, contactos de inteligencia, retórica de acuerdo rápido— puede generar movimiento sin producir acuerdo. La historia de este conflicto sugiere cautela: cada señal de deshielo ha sido seguida, hasta ahora, por una nueva ronda de violencia o de estancamiento. El margen para el optimismo existe, pero exige más que una visita de «semi rutina» para volverse creíble.

Más sobre Estados Unidos

La edición semanal

El temario completo de la semana

Leer la edición →