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Trump anuncia reunión con Kim Jong-un y cifra en 57 el arsenal nuclear norcoreano

El presidente estadounidense confirmó el encuentro antes de fin de año y reconoció contactos con Pyongyang, mientras la hermana de Kim desmiente cualquier comunicación entre los líderes.
Foto: semana.com
Internacionalmiércoles 19 de agosto de 2026

Donald Trump anunció el miércoles que se reunirá con el líder norcoreano Kim Jong-un antes de que termine el año. «Sí, me reuniré con él», respondió el presidente mientras mostraba a periodistas las obras en curso en la Casa Blanca.

En la misma declaración, Trump precisó que Corea del Norte posee «57 armas nucleares muy potentes» y añadió: «Nunca se debió permitir que esto ocurriese. Pero las consiguió». La cifra es inusualmente específica para un mandatario estadounidense y no fue acompañada de fuente pública verificable en sus declaraciones.

Sobre el rumor de un intercambio de cartas con Kim, Trump fue deliberadamente evasivo: «No puedo decirte eso, pero nos llevamos bien». Horas antes, el propio presidente había insinuado que existen contactos entre ambas capitales.

La respuesta desde Pyongyang llegó de Kim Yo-jong, hermana del líder norcoreano y figura de peso en el régimen. En un comunicado publicado este miércoles, afirmó que «no tiene conocimiento alguno» de ninguna comunicación entre Kim Jong-un y Trump, y calificó el asunto como «probablemente el único tema de política exterior de nuestra alta dirección del que no estoy al tanto». La declaración, cargada de ironía institucional, equivale en la práctica a una negación pública.

En paralelo, el Estado Mayor surcoreano anunció que los ejercicios militares conjuntos con Estados Unidos concluirán el viernes 21 de agosto, seis días antes de la fecha originalmente prevista del 27 de agosto. La decisión, según el comunicado de Seúl, fue tomada «por sugerencia de la parte estadounidense». Trump había ordenado la reducción de esas maniobras horas antes del inicio de las operaciones.

Kim Yo-jong descartó comentar el recorte de los ejercicios: «No consideramos que merezca un comentario y nos parece completamente carente de interés».

El cuadro que emerge es el de una diplomacia asimétrica: Washington gesticula en público, Pyongyang administra el silencio. Trump ofreció además una lectura personal sobre la estabilidad del régimen: si continúa un presidente «inteligente», Kim «estará bien»; si llega uno «tonto», «no estará muy contento». La frase revela la lógica con la que la administración encuadra la relación: no como un problema de no proliferación con reglas multilaterales, sino como una ecuación de personalidades.

Conviene mirar los incentivos. Para Trump, anunciar una reunión con Kim tiene valor político inmediato: proyecta capacidad de interlocución donde sus predecesores fracasaron. Para Kim, mantener la ambigüedad —ni confirmar ni desmentir del todo— preserva margen de negociación sin ceder nada. El recorte de los ejercicios conjuntos con Corea del Sur es la única concesión tangible sobre la mesa hasta ahora, y fue unilateral.

El dato importa más que el ruido. Corea del Norte es hoy una potencia nuclear de facto. Cualquier acuerdo que no contemple verificación independiente y desnuclearización medible repetirá el patrón de los pactos anteriores: foto, comunicado y arsenal intacto. La historia sugiere cautela.

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