El representante Jared Moskowitz, demócrata de Florida, salió al paso el jueves de las declaraciones del senador republicano Rick Scott, quien afirmó que el legislador está «scared to death» —aterrorizado— del ala socialista de su partido y que, de ser reelecto, seguiría las órdenes del streamer Hasan Piker.
«Rick no sabe de lo que habla», dijo Moskowitz en una aparición en Fox & Friends. «Nadie en mi distrito cree que yo sea un tipo de Hasan Piker. Hasan no querría saber nada de mí. Yo no quiero saber nada de Hasan.»
Scott había formulado esa acusación el lunes en Varney & Co., de Fox Business. «Moskowitz ha estado ahí. Estuvo en la Cámara antes. Asumo que va a ganar», dijo el senador. «Pero recuerden: quien gane ese escaño votará como Piker le diga que vote. Todos apoyan la plataforma de los socialistas demócratas, porque les tienen terror.»
Moskowitz, descrito en los medios como un demócrata más «centrista», es conocido por su defensa pública de Israel y por sus críticas al ala progresista de su partido, incluido Piker. Tras derrotar en la primaria al retador Oliver Larkin, respaldado por el DSA, Moskowitz publicó en X unas burlonas «condolencias» dirigidas al streamer.
Piker respondió al señalamiento escribiendo: «es bastante extraño que su primer pensamiento fuera un crítico prominente de Israel, antes incluso de agradecer a sus votantes lmao. Muy preocupado por su genocida estado de apartheid de apoyo emocional.»
El contexto en Florida es más amplio. Según la fuente, Angie Nixon, candidata respaldada por el DSA en otra contienda del estado, obtuvo una victoria que Fox News describió como un upset de 12 puntos que «sacudió al establishment demócrata de Florida». El Comité Nacional Republicano, por su parte, advirtió que los demócratas enfrentan un «suicidio político» luego de que, según el RNC, el DSA elogió a Fidel Castro y exigió la persecución del senador Marco Rubio.
El cuadro que emerge de Florida ilustra una tensión que el Partido Demócrata no ha logrado resolver en ninguno de sus flancos: los candidatos del DSA avanzan en algunos distritos mientras figuras como Moskowitz intentan trazar una línea entre el centro y la izquierda radical.
Conviene mirar los incentivos. Moskowitz tiene razones electorales claras para distanciarse de Piker: su distrito no es terreno fértil para el socialismo de base. Pero la pregunta que Scott plantea —aunque con retórica gruesa— no es trivial: ¿puede un demócrata moderado mantener esa distancia si el DSA sigue ganando primarias en el estado? El dato importa más que el ruido. Mientras el ala socialista acumula victorias locales y el RNC las usa como munición, el espacio para el centrismo demócrata en Florida se estrecha. La libre empresa y el orden institucional necesitan interlocutores creíbles en ambos partidos; cuando uno de ellos se fragmenta, los incentivos para gobernar con sensatez se debilitan para todos.



