La campaña de la congresista Young Kim anunció que devolverá $5.200 en contribuciones recibidas de James Su, empresario chino-estadounidense dueño de una importante compañía de medios en español chino radicada en California, cuya residencia y oficina en el área de Ontario fueron allanadas por el FBI a finales de julio en el marco de una investigación por posible influencia extranjera.
Según registros de la Comisión Federal Electoral citados por Politico, Su entregó $2.700 a la campaña de Kim en 2018 y otros $2.500 en 2021. Ambos fueron fotografiados juntos en un evento ese mismo año. Su empresa de medios se registró posteriormente como agente extranjero ante el gobierno federal, luego de que una investigación de Reuters revelara vínculos con una organización de radio controlada por el Estado chino. Su no ha sido acusado formalmente de ningún delito en relación con la investigación.
El portavoz de la campaña de Kim, Chris Pack, precisó que los fondos serán donados a organizaciones de apoyo a víctimas de trata de personas y prostitución. «Desde 2018, Young ha recaudado más de $30 millones de casi 200.000 donantes. Los $5.200 en cuestión fueron recibidos hace años y la campaña no tenía conocimiento de las acusaciones que ahora se reportan contra él», señaló Pack.
La controversia llega en un momento políticamente sensible: Kim y el también congresista republicano Ken Calvert compiten ahora por el mismo escaño en el recién reconfigurado Distrito 40 de California, tras la redistritación que fusionó sus anteriores circunscripciones en partes de los condados de Orange y Riverside. Calvert obtuvo el primer lugar en la primaria de junio con 75.811 votos (34,9%), mientras Kim recibió 44.818 (20,6%).
El equipo de Calvert no tardó en capitalizar el episodio. «Es profundamente preocupante que Young Kim haya aceptado miles de dólares de un agente extranjero registrado que dirige un medio del Partido Comunista Chino. No devolvió el dinero porque era lo correcto, sino porque la atraparon», afirmó Calvin Moore, portavoz de la campaña de Calvert, quien también cuestionó si existen otras contribuciones «cuestionables».
Pack respondió que Kim «se ha establecido como una de las principales críticas del Partido Comunista Chino» y que incluso ha sido amenazada por Pekín, calificando de «ridículo» que Calvert, a quien describió como un «titular que no hace nada desde hace 32 años», sugiera lo contrario.
El caso Su también alcanza a legisladores demócratas. Según el Los Angeles Times, la congresista Judy Chu recibió $25.800 de Su a lo largo de los años. Chu indicó que esperará información adicional de los investigadores federales antes de decidir qué hacer con esas contribuciones. «Estas investigaciones deben tomarse con la mayor seriedad, porque no podemos permitir que la corrupción y la influencia extranjera ilegal infecten el gobierno y los medios», declaró.
El dato importa más que el ruido. Lo que este episodio expone no es únicamente la torpeza de una campaña al no escrutar a sus donantes, sino la facilidad con que el aparato de influencia del Estado chino —a través de medios registrados como agentes extranjeros— ha irrigado el sistema de financiamiento político estadounidense durante años, a ambos lados del pasillo. Que la devolución llegara solo tras la presión mediática, y no por iniciativa propia, es una señal de los incentivos reales que operan en Washington. La vigilancia ciudadana y el periodismo de investigación siguen siendo, en ausencia de una fiscalización más robusta, el principal freno a esa penetración.


