El chef español José Andrés publicó este martes un vídeo desde Kiev dirigido al presidente Donald Trump en el que le solicita el envío de defensas aéreas adicionales a Ucrania, específicamente sistemas y misiles Patriot. El argumento central no apela a la solidaridad con Kiev, sino a los intereses materiales de empresas estadounidenses presentes en el país.
«Muchas empresas estadounidenses que están radicadas en Ucrania, sus fábricas están siendo atacadas. Las fábricas están siendo destruidas. Han muerto civiles en esas fábricas, mientras trabajaban con y para empresas estadounidenses», afirmó Andrés en el vídeo difundido en la red social X.
El cocinero acompañó el mensaje con una lista de compañías con presencia en Ucrania que incluye a Boeing, Coca-Cola y McDonald's, cuyos restaurantes han sufrido destrozos en varios ataques rusos, según detalló el propio Andrés.
La apelación al lema presidencial fue explícita: «No sé qué es para 'América First' más importante que proteger los intereses de los estadounidenses y de las empresas estadounidenses fuera del país», señaló, enumerando además iglesias, escuelas, guarderías, restaurantes y museos entre los objetivos alcanzados por Rusia semana tras semana.
Andrés se reunió el viernes pasado con el presidente Volodímir Zelenski junto a otras personalidades norteamericanas y ucranianas durante esta visita a Ucrania. El chef es embajador de la plataforma ucraniana de recaudación de fondos UNITED24 y fundador de World Central Kitchen, una ONG que opera en zonas de emergencia, incluida Ucrania desde la invasión rusa.
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Conviene mirar los incentivos. La estrategia retórica de Andrés es políticamente calculada: en lugar de invocar el derecho internacional o la solidaridad democrática —argumentos que han perdido tracción en Washington— coloca el debate en el terreno de la protección de activos privados estadounidenses. Es, en esencia, un argumento de libre empresa dirigido a una administración que ha mostrado escepticismo ante los compromisos abiertos con Kiev.
El dato importa más que el ruido. Si las instalaciones de empresas como Boeing o Coca-Cola están siendo dañadas por ataques rusos, el cálculo de riesgo para la inversión privada en zonas de conflicto se vuelve un asunto de política exterior con consecuencias económicas concretas. La pregunta que queda abierta —y que ningún vídeo en X puede responder— es si la administración Trump considera que el costo de enviar sistemas Patriot es menor que el costo político y económico de ver destruida infraestructura de empresas estadounidenses ante las cámaras. Esa aritmética, no los llamamientos humanitarios, es la que determinará la respuesta de Washington.


