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El Pacífico queda sin portaaviones estadounidense mientras China intensifica su presión regional

El USS Abraham Lincoln regresa tras 266 días de despliegue y más de 10.000 salidas aéreas contra Irán; su relevo, el USS George Washington, abandona el Pacífico occidental justo cuando Beijing multiplica sus ejercicios de fuerza.
Foto: elfinanciero.com.mx
Internacionaldomingo 16 de agosto de 2026

El USS Abraham Lincoln completó 266 días de despliegue, 200 de ellos en zona de combate, y empleó aproximadamente 1,5 millones de libras de municiones —unas 680 toneladas— durante las operaciones contra Irán. La misión, iniciada el 21 de noviembre y prevista originalmente para concluir en mayo, fue extendida por las exigencias del conflicto. A bordo viajaban aproximadamente 5.000 marineros e infantes de Marina.

El costo humano de esa extensión se hizo visible en las últimas semanas. Familiares de la tripulación denunciaron agotamiento, deterioro de la salud mental, dificultades de comunicación y problemas de abastecimiento. Autoridades navales mantuvieron reuniones con allegados para atender las preocupaciones; la propia Armada sostuvo que no se había registrado un incremento en reportes de pensamientos suicidas o intentos de suicidio, aunque sí circularon reportes sobre incidentes en los que algunos tripulantes habrían intentado saltar por la borda.

Para relevar al Lincoln, la Marina envió al USS George Washington, que abandona el Pacífico occidental. El resultado es una ventana —cuya duración depende de si Washington despliega otro portaaviones en los próximos dos meses, según analistas— en la que esa región carece de uno de los buques de guerra clave de Estados Unidos.

Beijing no ha dejado pasar la oportunidad. China realizó ejercicios navales esta semana con Indonesia, llevó a cabo maniobras militares cerca del banco de Scarborough en el mar de China Meridional —territorio disputado con Filipinas— y un destructor chino de misiles guiados ejecutó un ejercicio con fuego real frente a Okinotori, la isla más meridional de Japón, el mes pasado.

Greg Poling, director del Programa del Sudeste Asiático del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales, señaló que el gobierno de Trump «hace exactamente lo contrario» de su objetivo expresado de retirarse de Oriente Medio, mientras Beijing «está bastante contento con la distracción de Estados Unidos». Bryan Clark, exsubmarinista y analista del Hudson Institute, fue más directo: China usa la ausencia del portaaviones «como parte del relato para demostrar a Filipinas, a Japón, a Indonesia y a otros que Estados Unidos ya no es el mandamás en el Pacífico occidental».

El almirante Bradley, jefe del Comando de Operaciones Especiales, viajó a Manila el 13 de agosto para tranquilizar a sus homólogos filipinos y anunció la intensificación de ejercicios conjuntos. «Tenemos la capacidad de proyectar fuerza en cualquier parte del mundo», declaró a la AP, añadiendo que una vez atendida la amenaza en Oriente Medio, Estados Unidos reorientará su despliegue.

Conviene mirar los incentivos. La guerra contra Irán consume portaaviones, municiones y, sobre todo, el capital de atención estratégica que Washington necesita en el Indo-Pacífico. El dato importa más que el ruido: 200 días en zona de combate y 10.000 salidas aéreas son números que reflejan un esfuerzo sostenido, pero también un desgaste que Beijing calcula con precisión. La historia sugiere cautela ante la idea de que una potencia puede mantener dos teatros de alta intensidad simultáneamente sin que uno de ellos acuse el costo. Los aliados del Pacífico —Japón, Filipinas, Indonesia— observan, y sus decisiones sobre con quién alinearse en la próxima década se forman ahora, en esta coyuntura, no cuando los portaaviones regresen.

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