Las imágenes captadas por cámaras de seguridad muestran a decenas de personas corriendo por las calles cuando la avalancha las sorprende. El resultado, según la Junta de Turismo de Nepal (NTB), es de al menos 384 viajeros desaparecidos: 93 ciudadanos nepalíes y 291 extranjeros, cifra elaborada a partir de datos de distintas agencias de viajes.
El ministro de Asuntos Exteriores de Nepal, Khanal, explicó ante la Cámara de Representantes en Katmandú que un movimiento telúrico registrado a las 8:37 locales desencadenó «un gran deslizamiento de tierra que bloqueó el río Bhote Koshi», lo que a su vez provocó la inundación de varias localidades del norte del país. La declaración fue recogida por el medio local Ratopati.
La zona afectada se ubica en la frontera entre Nepal y China, en las inmediaciones del monte Kailash y el lago Mansarovar. Cada año, miles de personas recorren esa ruta en una peregrinación considerada sagrada por hindúes, budistas y jainistas, lo que convierte el corredor en un punto de alta concentración de visitantes nacionales e internacionales.
La combinación de un evento sísmico, terreno glaciar y una afluencia masiva de turistas en tránsito configura un escenario de vulnerabilidad extrema. El bloqueo del Bhote Koshi es un factor crítico: los ríos represados por deslizamientos pueden liberar caudales devastadores en cuestión de minutos, sin margen para evacuar a quienes se encuentran aguas abajo.
Las labores de búsqueda y rescate enfrentan condiciones adversas. La geografía de alta montaña, la posible inestabilidad del terreno tras el sismo y la magnitud del número de desaparecidos —que incluye nacionales de múltiples países— exigen una coordinación consular y logística de gran escala en un área de acceso difícil.
Conviene mirar los incentivos que estructuran la gestión de riesgos en corredores turísticos de alta montaña. La afluencia de peregrinos y viajeros genera ingresos significativos para Nepal, pero la infraestructura de alerta temprana y los protocolos de evacuación en zonas sísmicamente activas determinan, en última instancia, cuántas vidas pueden salvarse cuando el terreno falla. El dato importa más que el ruido: 384 personas siguen sin ser localizadas, y la cifra podría moverse en cualquier dirección mientras los equipos de rescate trabajan contra el reloj.
La historia sugiere cautela ante los balances preliminares en desastres de esta naturaleza. Los recuentos iniciales, elaborados a partir de registros de agencias de viajes, suelen subestimar el total real de afectados. Lo que está en juego no es solo una cifra, sino la capacidad del Estado nepalí y de la comunidad internacional para responder con rapidez y transparencia ante una tragedia que involucra a ciudadanos de múltiples naciones.


