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Al menos 12 muertos en ataques cruzados entre Rusia y Ucrania mientras las víctimas civiles alcanzan su nivel más alto desde 2022

Drones y misiles golpearon una acería, zonas residenciales y un mercado de libros en Kyiv. El estancamiento en el frente no frena la escalada; la intensifica.
Foto: elnacional.com
Internacionaldomingo 16 de agosto de 2026

Los ataques cruzados entre Rusia y Ucrania durante la madrugada del domingo dejaron al menos 12 muertos a ambos lados del frente, según informó El Nacional citando fuentes locales y la agencia AFP. El intercambio de drones y misiles golpeó infraestructuras civiles en múltiples regiones, en lo que las autoridades ucranianas describieron como una escalada sin precedentes desde los primeros meses de la guerra iniciada por Moscú en 2022.

En territorio ruso, una oleada de drones ucranianos mató a cinco personas en una zona residencial de la región de Rostov, según informó el gobernador regional Yuri Slusar. Otras dos personas murieron en las regiones de Bélgorod y Moscú. El gobernador de la región de Moscú, Andrei Vorobiov, describió el ataque como «uno de los más masivos con drones en la memoria reciente». El Ministerio de Defensa ruso afirmó haber interceptado 822 drones en todo el país durante esa noche.

En Ucrania, los misiles y drones rusos mataron a dos personas e hirieron a 14 en la planta siderúrgica de ArcelorMittal en Krivói Rog, ciudad natal del presidente Volodimir Zelenski. La planta informó que detuvo parcialmente sus operaciones tras el daño a sus instalaciones principales. Otros dos fallecidos se registraron en la zona suroriental de Zaporiyia y uno más en la región fronteriza de Sumi.

En Kyiv, el bombardeo alcanzó un popular mercado de libros al aire libre en Pochaina, conocido por sus volúmenes raros y de anticuario. El librero Dmitro Semenuja, de 45 años, fue testigo de cómo ardían sus cuatro puestos. «Antes había una tienda. Y libros, y banderas de todos los países. Toneladas de todo. Y así quedó», relató a la AFP.

Zelenski publicó en redes sociales que «allá donde los rusos pueden alcanzar con sus misiles balísticos, atacan infraestructura civil». El mandatario detalló que en la última semana las ciudades ucranianas recibieron «más de 1.550 drones de ataque, casi 1.560 bombas aéreas guiadas y 62 misiles», y reiteró el pedido a sus aliados de mayor defensa antiaérea.

El dato importa más que el ruido. El estancamiento en el frente no produce negociación; produce escalada. Cuando ningún bando puede avanzar por tierra, la guerra migra al aire y a los blancos civiles: una acería que abastece la economía de guerra, un mercado de libros que no tiene ningún valor militar. Esa lógica no es nueva, pero su intensidad sí lo es, según los propios registros ucranianos.

Conviene mirar los incentivos. Moscú apuesta a que el desgaste económico y moral de la población ucraniana erosione el respaldo occidental antes de que llegue más armamento. Kyiv responde golpeando territorio ruso para elevar el costo político interno del Kremlin. Entre ambas presiones, la infraestructura civil —y quienes dependen de ella— paga la cuenta. La pregunta que los aliados de Ucrania deben responder no es si enviar más defensa antiaérea, sino a qué ritmo y con qué condiciones, antes de que el siguiente balance de víctimas supere al anterior.

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